Rentabilidad empresas sin crédito

Una práctica habitual en muchas empresas, sobre todo pequeñas es la de no endeudarse. Bueno, en realidad, toda empresa tiene deudas, por pequeñas que sean. Hablamos deudas con proveedores, con acreedores por prestación de servicios a los que se pagará muchas veces a plazo. También hablamos de las deudas con Hacienda y la Seguridad Social, hasta pagar las deudas correspondientes. Pero existen empresas reacias a endeudarse, por ejemplo, con las entidades de crédito, con acreedores particulares, con instituciones públicas que ofrezcan crédito o, en empresas más grandes, emitiendo títulos de deuda en los mercados.

Una elevadísima proporción  de su financiación la obtienen de los propietarios de la empresa, fundamentalmente reteniendo los beneficios. Su vía de financiación son los fondos propios, es decir, dinero y otros bienes y derechos que son de los propietarios. Esos fondos propios pueden venir, fundamentalmente, de lo que aportaron los propietarios al constituirse la empresa, de posteriores aportaciones de los propietarios, de subvenciones y de los beneficios retenidos. Sería algo así como financiarse con lo que se va ganando, los beneficios se van reinvirtiendo en la empresa. La financiación está basada en este tipo de empresas en la autofinanciación.

¿Qué sucedería en un mundo ideal sin imperfecciones?

Dos importantes economistas, Franco Modigliani y Merton Miller, ambos galardonados con el Premio Nobel por ésta y otras aportaciones, enunciaron por primera vez el teorema que lleva su nombre: el teorema de Modigliani-Miller. Puede verse una explicación en Wikipedia, pero en realidad dice algo muy sencillo. Dice que en condiciones muy ideales daría igual la proporción en la que la empresa se financia con fondos propios o con deuda. En condiciones ideales, el valor de la empresa no variaría por el hecho de que se financiase completamente con fondos propios, completamente con deuda o con alguna opción intermedia

¿Qué pretenden evitar las empresas que no se endeudan?

En primer lugar, las empresas que no se endeudan pretenden evitar las consecuencias de una quiebra. Cuando una empresa se endeuda, espera poder devolver su deuda con los frutos que de su actividad. Si las circunstancias son malas, la empresa endeudada puede pasar dificultades para devolver su deuda. En algunos casos, para devolver su deuda se tendrá que liquidar la empresa, es decir, vender lo que tiene para pagar su deuda. Si con ello no es suficiente, quedará una deuda que tendrán que pagar los propietarios. Es lógico pensar que los pequeños empresarios no quieran atravesar las penurias derivadas de ser el responsable de pagar las deudas de la empresa.

La ley ha diseñado sistemas para evitar esas penurias. El principal de ellos es el de que la empresa sea propiedad de una sociedad con la responsabilidad limitada. Eso significa que los socios podrán perder su inversión, toda su inversión, pero que más allá no tendrán que cubrir las deudas. Los principales tipos son las sociedades anónimas y las sociedades de responsabilidad limitada. Las sociedades anónimas exigen una serie importante de requisitos, el cumplimiento de muchas formalidades. Las sociedades de responsabilidad limitada permiten limitar la responsabilidad de los socios con menos requisitos, lo que puede ser más sencillo para un buen número de pequeños empresarios.

También pretenden evitar los problemas de tesorería que pueden venir asociados a los vencimientos de la deuda. Cuando vencen las deudas, si no se logran refinanciar, se pueden tener problemas para encontrar el dinero con el que pagar los vencimientos. Para evitarlo, las empresas deben disponer de un fondo de maniobra, es decir, la financiación que no tiene  que devolverse a corto plazo (los fondos propios y el endeudamiento a largo plazo) debe financiar todos los activos que permanecen a largo plazo en la empresa y una parte del activo corriente (el que permanece menos de un año en la empresa).

Otro de los temores relacionados con las deudas de las pequeñas empresas que menos riesgos quieren asumir es que les exijan por esa financiación unos intereses excesivos con respecto al riesgo de la empresa. Con respecto al riesgo de la empresa, lógicamente este disminuye a medida que se emplea menos el recurso al crédito y se financia una mayor proporción con fondos propios Pero existen buenas razones para que la empresa emplee el endeudamiento, como veremos.

¿Cuáles son las ventajas de que la empresa recurra al endeudamiento?

Una primera ventaja es la de que los intereses son deducibles, aunque con ciertas limitaciones, como la limitación del 30% del beneficio operativo establecida por el artículo 16.1 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades. El hecho de que los intereses sean deducibles hace que una parte de los mismos (la que corresponde al tipo de gravamen de la empresa) sea un menor impuesto que se paga. Eso abarata la financiación ajena. 

En segundo lugar, la empresa que no se endeuda está trasladando una imagen de opacidad. Al recurrir al crédito, la empresa debe ofrecer a su potencial acreedor una mayor información, debe comunicar sus proyectos, debe establecer una relación de confianza que va más allá de las cuentas anuales de la empresa. Esa especie de “tutela” es una cierta mayor garantía para todos los terceros relacionados con la empresa, incluidos los propietarios no administradores de la empresa y los trabajadores. Favorece la confianza y el establecimiento y mantenimiento de relaciones provechosas con terceros de todo tipo. Una empresa sin crédito es una empresa que tiene dificultades para mostrar que los terceros ajenos a su administración creen en ella.

Además, una empresa sin deudas es una empresa de poco riesgo financiero, por lo que los posibles acreedores solicitarán unos intereses mucho menores a la retribución que exige el propietario, que arriesga más en la empresa. Al carecer de deudas, los acreedores saben que la probabilidad de que no les devuelvan lo prestado es baja, por lo que exigirán unos bajos intereses. Lógicamente, a medida que la empresa se endeuda llegará un momento en el que el incremento del riesgo no compensará, porque tanto propietarios como acreedores exigirán mayor retribución por la financiación a la empresa. Pero hasta llegar a ese nivel, compensará incrementar le recurso al crédito.

Por otro lado, una empresa sin créditos es una empresa que tiene comprometida su política de retribución a los propietarios de la empresa o su política de crecimiento. En empresas que no están dirigidas por sus propietarios, sino por personas contratadas al efecto, no recurrir al crédito puede ser una excusa perfecta para no arriesgarse. El directivo puede tener miedo de los riesgos asociados al crecimiento de la empresa, riesgos que pueden hacer que pueda perder su posición como directivo de la empresa si las cosas van mal. Esos riesgos están asociados tanto al desarrollo de actividades nuevas pero también a su financiación a través de deudas. El directivo puede preferir confiar en lo que lleva ya tiempo funcionando y paralizar la expansión de la empresa a través del endeudamiento. Se estaría generando un incentivo que llevaría a perder oportunidades de crecimiento.

También se puede producir el caso  en el que el directivo esté interesado en la expansión de la empresa, pero no por la verdadera existencia de proyectos rentables, sino por el interés propio de dirigir una empresa más grande y relevante. Si ese directivo no cuenta con proyectos realmente viables y atractivos que poder presentar a potenciales acreedores, lo normal será que recurra a solicitar a los propietarios un reducido reparto de dividendos, con el objetivo de retener beneficios con los que poder financiar la expansión de la empresa. Si se encuentra con unos propietarios suficientemente desinformados y pasivos puede obtener la financiación deseada a pesar de que los proyectos no sean viables. Si esos proyectos son presentados a potenciales acreedores como, por ejemplo, un banco la probabilidad de rechazo sería alta.

Para el propietario, un correcto reparto de dividendos es una prueba de que la empresa genera dinero, dinero con el que se pagan los dividendos. Por ello los propietarios tienden a ser reacios a confiar en decisiones que consistan en financiar la empresa sin recurrir a terceros, reteniendo los beneficios que se dicen tener. Sin embargo, existen situaciones en las cuales solamente el directivo de la empresa sabe lo interesante que puede ser financiar el crecimiento de la empresa renunciando al reparto de beneficios. Y, en ocasiones es difícil encontrar crédito, por lo que recurrir a la financiación con beneficios retenidos puede ser indispensable. 

 En Héroe Financiero | 

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