Leasing o préstamo

Si la Economía es la ciencia que estudia como elegir entre medios limitados para necesidades ilimitadas, en la gestión de la empresa nos toca lidiar con esas decisiones a diario. por ejemplo, ¿qué es mejor, financiar mediante leasing o con préstamo?

Una pregunta tan simple tiene distinta respuesta en función de la operación, de la empresa, etc… Ya hemos hablado con anterioridad de los préstamos o de los leasings, y no vamos a volver a explicar algo que es sobradamente conocido. Vamos, en esta ocasión, a ir un poco más al detalle, para intentar explicar las ventajas de uno y otro. Lo cierto es que, en algunos casos, resulta muy claro que nos conviene y que no.

El leasing, rentabilidad financiero fiscal poco flexible

Todo el mundo habla de las ventajas fiscales del leasing, pero no son tantos los que entienden exactamente en que consisten esas ventajas. En esencia, si financiamos un bien por leasing podemos acogernos a una amortización fiscal acelerada de dicho bien. Eso significa, que para que esa ventaja fiscal sea efectiva debemos:

  • Hacer la operación a un plazo inferior los plazos fiscales de amortización de activos.
  • Declarar beneficios que poder reducir gracias a esta amortización acelerada (de otro modo lo más que conseguiríamos sería un crédito fiscal para compensar en el futuro).

Por tanto, estamos hablando de que el plazo del leasing, que legalmente es de un mínimo de 2 años para los bienes muebles y de 10 para los inmuebles, tiene un tope de optimización fiscal pasada o el cual dichas ventajas fiscales desaparecen.

Además, para conservar dichas ventajas fiscales hay que tener cuidado con las entregas parciales al comienzo del préstamo. Las parciales a posteriori no están previstas por su propia naturaleza, y las totales deben también mirarse con lupa para evitar contingencias fiscales.

Es cierto que, a diferencia del préstamo hipotecario, es más fácil obtener financiación del 100% mediante el leasing, y que el pago inicial de los impuestos, que implica un desembolso, es cosa de la empresa arrendadora de leasing o entidad financiera, que nos lo repercutirá a posteriori en cómodas cuotas (también podemos negocar que sea de golpe), por lo que si queremos o preferimos financiar porcentajes cercanos al 100% es más fácil hacerlo por leasing (eso no significa que no nos puedan pedir una entrega inicial destacada).

El préstamo, flexibilidad total con una fiscalidad menos atractiva

El préstamo, nuestro viejo conocido, nos ofrece frente al préstamo bastante más flexibilidad de lo que la gente cree, al menos más que el leasing. Así por ejemplo no existen plazos mínimos para poder formalizar una operación de préstamo, y existen múltiples opciones para las cancelaciones parciales, anticipadas, sistemas de amortización flexible, cuotas crecientes, decrecientes, etc….

El préstamo hipotecario, por ejemplo, nos permite, de común acuerdo con el acreedor, repartir la carga hipotecaria entre los inmuebles gravados, lo que permite acompasar un plan de desinversiones y de reducción de deudas conociendo de antemano como poder ir liberando cada una de las garantías.

Por otro lado conviene recordar algo especialmente importante, al menos en los inmuebles, y es que el adquiere mediante hipoteca, el deudor, es propietario, es el titular registral del inmueble, mientras que el arrendatario financiero no lo es hasta el final. Y es posible que ser propietario del inmueble nos pueda dar en ocasiones, aunque este gravado, alguna opción adicional de financiación o de negociación con el mismo.

Generalmente el mercado de préstamos es más competitivo en precio que el del leasing, donde hay menos players especializados. Este es un factor que debemos tener en cuenta.

Y por vuestra experiencia, ¿alguna ventaja adicional qué veáis en cada caso?

Ver los comentarios

No hay comentarios aún.

Deja un comentrio