Estrategia de inversión long-short

La estrategia de inversión long-short requiere utilizar pares de valores que generalmente puedan estar relacionados y comportarse de una manera opuesta.

Básicamente consiste en tomar posiciones largas (long) en el que consideremos que pueda tener un recorrido al alza mientras que adoptaremos una posición corta (short) en el que, lógicamente, replique al anterior con un movimiento a la baja.

Este tipo de estrategias no tienen únicamente el objetivo de maximizar los beneficios sino que persiguen, de alguna manera, neutralizar el riesgo de mercado. No es posible que ese movimiento en sentido contrario de un valor respecto a otro se cumpla siempre ya que en casos de tendencias muy claras del mercado es muy posible que, aun siendo valores “antagónicos”, ambos acompañen a la tendencia general. Sin embargo si somos capaces de detectar cuál de ellos se comportará mejor en tendencias alcistas y cuál en las bajistas podremos compensar las pérdidas de uno con el beneficio del otro.

Por supuesto que minimizar el riesgo no supone eliminarlo. En primer lugar, hay que acertar con el par de valores elegido y en segundo detectar cómo funciona la divergencia y cuál sería el movimiento de cada uno de los valores en el caso de que el mercado apuntara hacia las alzas o las bajas.

Por ejemplo, pensemos que dos empresas del mismo mercado pero que fueran competencia directa podrían formar un par de valores para diseñar una estrategia de este estilo. Si una mejora sus resultados podría ser a costa de la otra ya que eso significaría que habría ganado cuota de mercado a base de reducir la de su competidor. Si prevemos que una de ellas puede tener un mejor comportamiento podríamos ponernos largos en esa y cortos en la otra.

En el mejor de los casos podemos acertar al 100% y que el comportamiento de ambas compañías fuera el que habíamos previsto, ganamos con la subida de nuestra apuesta alcista y también con la correspondiente caída de la otra. También podríamos ganar si el mercado fuera alcista y eso impulsara la cotización de las dos y la subida de nuestra apuesta alcista fuera mayor que la de nuestra compañía “bajista” y lo mismo en caso contrario. En estas dos últimas circunstancias nuestro beneficio sería menor ya que la plusvalía de nuestra inversión acertada se minoraría con el impacto negativo al no haberse producido el movimiento opuesto en la otra compañía.

Pero lógicamente esta estrategia fallaría si el comportamiento de las empresas fuera el contrario al que habíamos previsto, subiendo aquella en la que estamos cortos y bajando la que estamos largos, o cuando comportándose ambas de igual manera, la que mejor evolución tuviera en esa tendencia fuera la compañía que preveíamos que se comportaría peor.

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