Cómo funciona el aval financiero y los avales necesarios para financiarnos a largo plazo

Un aval es un instrumento que sirve para garantizar el cumplimiento de compromisos y obligaciones de pago que una empresa adquiere ante terceros. Además, los avales también sirven para asegurar de forma irrevocable el cumplimiento de compromisos comerciales (una compraventa) y financieros (un préstamo, una línea de crédito) consecuencia de sus operaciones empresariales, tanto a nivel nacional como internacional.

El aval es un contrato de fianza que contiene un compromiso de pago de una persona (avalista) en favor de un beneficiario, con el objetivo de cubrir una situación de incumplimiento o impago por parte de un tercero (avalado).

A la hora de configurar un aval hay que fijar claramente quienes representan las figuras de avalista, avalado y beneficiario, junto con el resto de elementos clave del aval. La fecha de vencimiento, a partir de la cual deja de estar vigente; las condiciones para ejecutar el aval, requisitos que deben cumplirse para que el avalista tenga derecho a ejecutar el aval, pudiendo ser a primer requerimiento o debiendo aportar una justificación de que el avalado no ha cumplido; y el importe máximo garantizado por el avalista, que es la cantidad de dinero que el éste asume como garantía.

Cómo puede ayudar un aval a una pyme en la financiación a largo plazo

Las pymes pueden contratar distintos tipos de avales, con el fin de cubrir diferentes necesidades. Las entidades ofrecen distintos tipos de productos en forma de aval, como son los preavales, las líneas de avales, los avales técnicos y económicos, los avales ante la AEAT, los avales cambiarios, los avales especiales, los avales para garantizar prestaciones periódicas, los avales ante las Administraciones Públicas y los avales de convenio.

Todos estos avales ayudan a las empresas a sacar adelante sus proyectos y negocios, ofreciendo cada uno el servicio que necesita la otra parte para ofrecer una garantía de pago o de ejecución de un trabajo. Por tanto, un aval es un producto de riesgo, que tiene un coste para quien lo contrata, independientemente de si el beneficiario lo ejecuta o no, en forma de tipo de interés y comisiones de gestión.

En caso de ejecución del aval, el avalado tiene la obligación de devolverle al avalista la cantidad ejecutada, de acuerdo con los términos y condiciones pactados en el contrato del aval. Por tanto, una entidad que ofrece a una pyme un aval, realizará un estudio previo para decidir si concede o no el aval, ya que su concesión no requiere el desembolso de dinero inmediato pero lo puede suponer si el beneficiario llega a ejecutar el aval.

Los puntos clave para que una entidad conceda un aval a una pyme son:

  1. La vinculación del cliente (la pyme) con la entidad.
  2. La capacidad de pago que la pyme tiene en caso de ejecución del capital avalado, junto con los intereses correspondientes.
  3. Las garantías que la pyme pudiera aportar, bien en forma de activos o dinero de la sociedad, o las personales que puedan aportar sus socios y familiares. 

El coste de un aval se suele reflejar en tanto por mil y varía en función del tipo de aval y de la entidad que lo emita. En este coste es habitual que se incluyan los gastos de estudio y formalización, que suelen rondar el 5 por mil del importe del aval, pudiendo fijarse un mínimo a cobrar, y el tipo de interés por el riesgo asumido con el aval, que puede rondar el 15 por mil. Algunas entidades siguen cargando el coste del aval incluso cuando éste ha vencido, hasta que el cliente no devuelva el documento en el que se ha formalizado. 

Las pymes pueden usar los avales para dotar de garantías a su operativa habitual, tanto de financiación como comercial. Por ejemplo, en los siguientes casos:

    • Con un aval económico: para garantizar el pago de una cantidad de dinero en el futuro, en una operación a plazos o con un compromiso futuro.
    • Con un aval financiero: para garantizar el pago de un titulo financiero como una letra o un pagaré. 
    • Con un aval técnico: para garantizar obligaciones de carácter no económico, como las que exigen algunas administraciones públicas para la ejecución de obras para cubrir las posibles desviaciones en plazo, calidad y coste.
    • Con un preaval: para poder disponer de un aval en caso de que se cumplan una serie de condiciones. Por ejemplo, para poder participar en concursos públicos.
    • Con un crédito documentario: para garantizar operaciones de exportación e importación y que exige la participación de dos entidades bancarias.
    • Con una línea de avales: para reducir los costes operativos de las garantías en forma de aval. Esta solución es perfecta para empresas que requieren la gestión frecuente de avales con su entidad, las cuales pueden contratar una línea de avales y disponer de los que necesiten hasta un límite máximo. 

En Héroe Financiero | Pignoración, la otra garantía real

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