Comisiones por descubierto: no pagues más por no prever cargos en cuenta

Uno de los gastos financieros clásicos no previstos en el presupuesto son los que originan en forma de comisiones las situaciones de descubierto en cuenta. Estas se producen cuando una entidad financiera permite que un cliente disponga de una cantidad de dinero sin que éste tenga saldo en la cuenta, por ejemplo, para atender el pago de un recibo y evitar la devolución del mismo.

Cuando se produce una situación de descubierto, se generan dos tipos de comisiones por descubierto, que conviene conocer con detalle para tratar de incurrir en ellas:

Comisión por descubierto

Es una comisión que se calcula en función de la cantidad de dinero excedida, es decir, el mayor saldo deudor en cuenta (los números rojos). De aplicar el tipo fijado en contrato a la cantidad excedida durante el período de tiempo que dure el negativo en cuenta, se obtiene como resultado el importe a pagar en concepto de comisión por descubierto, al que hay que sumarle los gastos de gestión de la reclamación.

Por ejemplo, una cuenta tiene saldo de 1.000 euros y en ella se carga un recibo por importe de 1.500 euros, quedando en descubierto de -500 euros por un período de 10 días. Si el tipo de interés por descubierto pactado en contrato es del 10 % TAE, la comisión por descubierto resultante es de 1,4 euros, en números redondos.

Comisión por gestión de reclamación del descubierto

Esta comisión se genera para cubrir los gastos ocasionados por las gestiones que de manera efectiva y personalizada se lleven a cabo para tramitar la devolución del saldo excedido. Esta cantidad suele ser fija y sólo se puede cobrar una vez por un mismo descubierto.

Siguiendo con el ejemplo del apartado anterior, si se pactan 30 euros de comisión por reclamación de descubierto, el importe total por el descubierto ascendería a 1,4 + 30 = 31,4 euros.

Cómo evitar las comisiones por descubierto

En primer lugar, una buena planificación de tesorería es fundamental para evitar los descubiertos en cuenta y las comisiones que conllevan. Esto supone disponer de buena información (fiable) sobre los pagos a realizar a lo largo del tiempo y también una buena organización, tanto a nivel de proceso, como de entidades financieras con las que se trabaja.

Lo más práctico es contar con una tesorería unificada, tratando de estandarizar al máximo los períodos de pago a proveedores y los días en los que se ejecutan los pagos. En caso de prever una situación de tensión de tesorería que puede generar un descubierto, hay que tratar de intentar absorberlo a través de alguna otra opción de financiación, como líneas de crédito y ya se liquidará cuando la situación se normalice.

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